Pablo Dorado

“Pablito” Dorado, como lo conocían todos en su Capurro natal, fue de esos elegidos del fútbol. Un zurdo cerrado al que le gustaba jugar por la derecha y que siempre se jactaba con sus compañeros: “Te la puse en la cabeza”, les decía luego de un desborde que terminaba en gol.

Pablo Dorado

Fecha de nacimiento:
22 de junio de 1908

Lugar:
Montevideo, Uruguay

Trayectoria:
Comenzó en Bella Vista en 1926 en Primera división y en 1932 pasó a River Píate de Argentina. En 1935 fue contratado por Nacional y finalmente retornó a Bella Vista en 1937, en donde jugó medio año más para retirarse del fútbol. Actuó en la Selección Uruguaya en el Mundial de 1930.

Titulos:
Campeón Argentino con River Píate en 1932 y campeón del mundo con Uruguay en el Mundial de 1930.

Fecha de fallecimiento:
19 de noviembre de 1978

Se inició en Bella Vista con glorias del fútbol como José Nasazzi y José Andrade, entre otros.

Sus virtudes con la pelota eran tan grandes que un año después de iniciado el profesionalismo en Argentina -justamente la temporada en que comenzaba el mismo en Uruguay- fue contratado por un grande de ese país: River Plate. Y fue uno de los primeros uruguayos que hicieron historia en el club de la “banda sangre”, ya que se coronó campeón argentino.

Cuentan que eligió jugar en la punta derecha como consejo de Nasazzi. Veloz, de temible remate cruzado. Sus centros matemáticos eran su mayor orgullo, por eso lo definieron como un puntero-puntero, pese a que se desempeñaba bien en todo el frente de ataque.

Tocó el cielo con las manos al ser campeón del mundo con Uruguay en el Mundial de Montevideo, de 1930 y, además, por ser el autor del primer gol de la final ante Argentina.

“Cuando venían de la concentración, en los termos en vez de agua llevaban vino o grapa, para entrar más entonados a los partidos”, comentó su hija Susana en octubre de 2005.

Regresó a Uruguay en 1935 a Nacional y finalmente volvió a Bella Vista en 1937, en donde se retiró.

Se casó con Irma Callejas y tuvo tres hijos, Susana, Luis y Graciela, varios nietos y llegó a conocer a Pablito y a Marcela, Juan Pablo y Daniela. Pablito lamentablemente falleció a los 8 años en el recordado accidente de los helicópteros de la playa Pocitos en 1971.

Cuando podía, llevaba siempre a Juan Pablo al baby fútbol de Stockolmo. Trabajó en la inspección general de la Intendencia de Montevideo.

Para ver cómo era Pablo como persona basta un ejemplo: un día, un amigo le dijo que perdía todo, incluyendo la casa porque tenía deudas. Dorado le dijo que lo acompañara a su casa. Allí sacó una medalla de oro de las que había ganado en River Plate y se la dio al amigo para tratar de solucionarle el problema económico.

Anécdota:

“Fue en el minuto 12. El arranque de la primera jugada cumbre del partido, fue un pase de Lorenzo al Vasco Cea, que éste recibió y se la entregó al Manco Castro. Éste puso el balón en los pies de Scarone y Rasquetita a la carrera sacó uno de aquellos tiros que le dieron fama. Rebotó en las piernas de Fernando Paternóster y volvió a los pies de Castro, quien viendo a Pablito Dorado entrar en diagonal, le cruzó el balón. Pablito, quien entrando como bala habla desbordado la custodia de Arico Suárez, recibió la pelota, aunque algo cruzado para intentar un remate. El rubio Botasso, la cortina metálica y arquero de Racing, vio el peligro y se corrió hacia el palo izquierdo. ¿Qué iba a hacer el niño de Bella Vista? ¿Iba a tirar al arco? ¿Iba a centrar? En el medio estaban Rasquetita Scarone, el Manco Castro y el Vasco Cea esperando el centro atrás. Y fue también lo que pensó Botasso. Porque siendo Pablito casi un niño el líder derecho de aquella línea de veteranos, ¿qué iba a hacer el botija, cuando estaban los tres campeones olímpicos esperando el pase atrás? Pablito también tenía la pasta de campeón, esa calidad que sólo es prenda de los elegidos y la chispa en la frente. Dorado con esa alegría loca de chiquilin de barrio, con esa deliciosa inconciencia de los niños, vio a Botasso vacilando, medio desacomodado esperando el centro atrás y ahí nomás, tiró y sorprendió a Botasso entre las piernas. Fue en el minuto 12. Había quedado señalado el primer gol de la primera final de la Copa del Mundo. Un gol histórico. ‘La agarré llena y Botasso no pudo bajar la cortina metálica’, contó Pablito’.

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