100 años del CA Bella Vista

Cien años han transcurrido ya desde aquella lejana primavera del año 20, cuando la botijada del barrio decidió nuclearse para formar “su “ equipo y salir a dar batalla a los equipos más encumbrados del momento.

100 años del CA Bella Vista

La historia nos dice que la idea nació en la Peluquería del Japón, donde el menor de los hermanos Zibecchi, entre cortes, afeitadas y peinados a la gomina, propagó entre los parroquianos, la idea de crear un equipo de fútbol que representara al barrio.

La historia nos cuenta, que un cura salesiano gaucho y popular, el Padre Marino Guerra, realizaba tareas de catecismo entre los niños del barrio, portando para ello dos herramientas imprescindibles: una biblia y una pelota de fútbol.

De esa mágica conjunción de arraigo por el barrio, sus muchachos, el cura Guerra, el loco de Zibecchi, la Fonda La Francesa, las fábricas de la zona, el tranvía a caballos que luego dio paso al tren y las largas tertulias de naipes en el Moscón, fermentó la creación de lo que hoy cumple cien años de existencia: el Club Atlético Bella Vista.

La historia nos recuerda, que en el viejo Moscón, que en actas figura con el pomposo título de Sociedad Recreativa, se llevó a cabo la Asamblea fundacional del Club, allá en la nochecita del 4 de Octubre del 20, noche en la que se dio nombre y colores al recién nacido.

Mucha agua ha pasado por debajo del puente imaginario de la vida. Cien años es mucho tiempo, como para compactarlo en estos precarios párrafos. Bella Vista ha vivido en cien años, la grandeza de sus años románticos del amateurismo y la voracidad despiadada del régimen profesional, donde las glorias y las penurias han andado de la mano.

Desde el descenso fortuito y caprichoso de la maldita bolilla de Abril del 51 a la fiesta a Estadio lleno, en el ascenso del 68 en épica final frente a Huracán Buceo. Ha vivido la gloria inigualada aún, de los campeones del 90, recordada banda capitaneada por el Pocho Navarro y el Beto Acosta y el ostracismo de cuatro años tan largos como duros, cuando el rojo de las finanzas amenazó con hacerlo desaparecer todo. Ha vivido por igual, ascensos y descensos, llantos de dolor y de alegría. Ha vivido épicas contiendas de la Intermedia, de la Divisional B y de la Primera División.

Los colores del barrio han visitado grandiosos estadios del extranjero, en disputas de Copas Libertadores y Sudamericana y han ido también a plantar bandera a las canchas más humildes de cada barrio de la capital. Giras gloriosas y también de las otras, por las tres Américas. Muchísimos jugadores que, a lo largo de sus carreras, cambiaron la casaca del barrio, la del Mariscal, por la celeste cielo de todos, curiosamente, también del Mariscal.

Grande por su origen, por sus logros, por su gloria y por su gente. Grande en el tiempo, ayer, hoy y siempre. Grande por el amor y el orgullo de todos quienes, amparados por las figuras de Nasazzi y muchos otros grandes Futbolistas, glorias de la historia del fútbol de nuestro país, por la figura del Gallego Sebastián Bauzá y otros grandes directivos, hemos asumido la responsabilidad de perpetuar el legado que la misma historia nos impone.

¡Grande Bella Vista!

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